Entrevista al mono volador Rosario, operador del coronel psicópata

Dr. Crisanto Gregorio León. 

«Piensas que me entiendes y no sabes nada sobre mí.

 Me sigues, me estudias y me espías intentando convencerme

 y escuchas a través de las paredes cosas que jamás quisieras escuchar ».

Frase de «El síndrome Mozart», Gonzalo Moure.

Toda la trama institucional es revelada por sus trabajadores, por la gente noble que ama a su empresa y que me hace llegar los insumos para la realización de esta entrevista. A la gente decente que aún se mantiene en el ideario de abrazar una gestión sana, limpia e impoluta, que ora y espera en Dios que el superior jerárquico del coronel abra los ojos, al menos que los tenga tapados por los billetes de dólares que el doctor fraude le tributa y por eso se hace el ciego y acomodaticio alcahueta. A ellas les hago llegar mis respetos y como siempre mis líneas son un tributo a mi alumno Álvaro, quien me alertó y me motivó en el estudio, prognosis y desenmascaramiento del coronel psicópata.

Preliminares y contexto de la entrevista.

Trataremos en esta epístola, el caso del mono Rosario y de la genuflexión y pleitesía a su organillero el coronel psicópata. De su complicidad y coautoría en la comisión de crímenes y de la bajeza de su estilo de hostigar a la gente de valía en imitación a su Jefe el doctor fraude con prurito rectal, en un quemeimportismo perverso en tanto consigue las “hurras” de quien lo ha amaestrado. Un sujeto grotesco que refunda barrios con gente de la peor calaña, cuyo trato engañoso no es de rosas sino de espinas, que se hace el huevón para joder impunemente. Por lo que es  necesario explicar la treta “del loquito”.

Pues bien, el mono Rosario es el loquito, ese personaje al que no lo hacen responder por sus infamias y delitos. Por el contrario al ser acusado o denunciado con su jefe, éste lo exculpa como si sus actos fueran una gracia o ejecutados por un cretino o demente que no sabe lo que hace, o lo defiende a ultranza colocándolo por encima de la gente a quienes ha hostigado o zaherido, porque es que el mismo psicópata ordena al mono Rosario hacer y ejecutar directrices fuera de la ley, de la moral y de los usos sociales. O a burlarse de los mínimos protocolos de  consideración y respeto hacia quienes solo están trabajando para beneficio de la institución. No se trata de un espontáneo transgresor y criminal. El mono Rosario es mandado a cometer ofensas y agresiones, es la mano ejecutora de las perversiones del coronel psicópata. Se trata de su mono jalabolas, de su cómplice y coautor en los crímenes. ¡Que maldito e infernal ambiente laboral el que impone el coronel psicópata!

De modo que la víctima no recibe justicia ante su queja sino una burla, un encogimiento de hombros del déspota y megalómano que jefatura la institución, que con su natural sarcasmo, dejando ver las expresiones propias del psicópata, su mirada malévola , sus muecas y su sonrisita desdeñosa y despreciativa, no le da importancia a lo que le es denunciado; porque resulta que para justificar la acción de este mono jalabolas, este mandadero es convenientemente “colocado”, para esos efectos, un loquito utilizado para los planes malvados y de cuanta bajeza hace el militar corrupto a través de él. El mono Rosario, alardea de ser un sujeto que sufre de cretinismo que no le responde a nadie, ni siquiera a sus jefes; porque lo absuelven de la obligación de responder por sus actos. Esa es la base de su  impunidad con la que lo unta el coronel parásito, para no revelar que es su cómplice, pero la evidencia empírica lo deja al descubierto.

Es que el mono Rosario tiene especial talento para ser esclavo de sus circunstanciales jefes. Y se presta para las vilezas del coronel Marión, quien lo salva luego de sus misiones inmorales e ilegales, así como salvó al Remero cuando cayó preso por traficar con la gasolina por sus órdenes. Por su poquedad intelectual, el mono Rosario no se ha planteado opciones distintas a ser el esclavo voluntario del coronel psicópata y este militar se aprovecha de ese enamoramiento que le tiene el hombre que instala las cámaras de vigilancia, el mismo que le gusta fundar barrios. Así, militares como este coronel psicópata, tienen convenientemente una persona para cometer crímenes e injusticias, precisamente para no responder de sus incorrecciones. Y luego el coronel psicópata se lava las manos argumentando que quien lo hizo es un loquito que no hay que hacerle caso, porque se trata de un jodedor. Pero, al loquito no lo botan, no lo destituyen, sino que mantienen al “irresponsable jodedor” con ellos porque ese es el ardid, la carta debajo de la manga para hacerse los locos, para cometer infamias, delitos y perversiones, argumentando que fue el loquito y no ellos, pero no sancionan al loquito. Arropado entonces Rosario con el manto alcahueta del coronel psicópata, por ser este loquito, su instrumento de maldad y de delitos, pues es su mono volador, su lame suelas, su huele peos; que de loco no tiene nada, sino que se hace el loco, se hace el huevón para cometer crímenes de todo orden. Por tanto, al igual que la psicopatía no excusa ningún delito ni ninguna falta, a este mono Rosario no lo excusa su fingimiento de guachafitero, de dicharachero, de gracioso entrometido e irrespetuoso hampón. 

En estas trapisondas de crímenes, entre los que cuentan la corrupción, las extorsiones y el desvalijamiento de la institución, y el uso de su nombre y prestigio para la obtención de dinero negro a costa de lo que sea, así tenga que embaucar a la gente haciéndose pasar por cristiano al igual que su mujer, a la que tiene también en la institución por constituir él y sus familiares uno de los anillos de operadores que hacen el trabajo sucio para coronel; está involucrada toda su familia. Varios integrantes de ese mismo clan, se  alimentan y se aprovechan de la corrupción que les permite o alcahuetea este bisexual coronel. Está comprometido hasta los tuétanos, este personaje cuyo arrastramiento por el coronel psicópata no puede ser más patético. No se trata de una  «guirnalda de rosas»  y sus acciones no huelen precisamente a rosas, sino a podredumbre y se le conoce como  el mono Rosario el operador del mal, un huele peos del doctor fraude que por sus incursiones y protagonismo como coautor en los delitos perpetrados dentro de la institución, incluso de comportarse majadero con superiores a los que el coronel manda a desafiar porque se satisface burlándose de quienes él envidia o cree que lo envidian.

Su jefe el militar nunca más ascendido, como premio por faltarle el respeto y burlarse de gente decente y honesta, por su infame desempeño como espía y testaferro, por desafiar, promover e incitar peleas o pugilatos verbales sin medir a quien se lo hace – craso error – porque es un servil, además de un vulgar barrialero, un patotero como su organillero el propio coronel psicópata; por el que caza pleitos dentro de la institución para defender el ego de su amo el narcisista, por ejecutar cuanta maniobra decadente, ilegal, penalmente censurable y moralmente execrable, por mandato de este inmoral coronel; lo ha hecho merecedor y lo ha premiado graduándolo de criminal profesional. Dice el mono Rosario: “Observen el detalle del color de mi corbata en la pantomima de defensa de mi tesis. Un teatro engaña bobos. Puras redes sociales, nada auténtico, pero ya tengo mi fraudulento pergamino”. En estas líneas están anotadas Sussana y sus asistentes. Porque este es el comportamiento de la gente sin ética, que para idolatrar a su jefe se echa de enemigos a sus colegas.

Si alguien dudaba de que el mono Rosario el operador sea un criminal, ahora tiene un título que lo certifica, que lo demuestra. “Desafíalo, no te impresiones con su cargo, ni con su jerarquía, aquí el director soy yo – dice el coronel psicópata – , yo seré eterno, nunca me removerán de este puesto y es poco probable que a quien por mis órdenes hostigues, ofendas, ataques e irrespetes pueda esa persona cobrarse o hacerse justicia de las infamias que le haces y le hacemos. Atraviésate en su camino, tómale rápido al descuido y con irrespeto el carnet, verifica que rango dice tener y me informas”. “No lo respetes, porque en la vida no creo probable que tu Rosario mi operador, te lo puedas encontrar en otras circunstancias y te tocará a ti pagar por infeliz, lo que ahora haces jalándome bolas, pero granjeándote enemigos por mi culpa, por pendejo, porque tu peleas mis batallas como Roso el firulais un perro entrenado. No creas que la vida te pasará facturas, por pelele y marioneta, por ser mi cómplice delincuente”. Así le dice el psicópata a Rosario, el operador que huele a mierda, el operador del mal.  

Como a la hija cuya madre alcahueta que con incentivos la autoriza, la motiva y la impulsa para que se prostituya, de igual modo se maneja en la institución el mono Rosario por orden y cuenta del coronel psicópata, tal como lo hace Chuchín el mayordomo consentido, y como se maneja Sussana que vive en el bajo escondrijo de su indecencia con su moral de bota ancha. Este operador , el mono Rosario que hace maldad y delincuencia y deshace la probidad y la honorabilidad, por mandato del coronel psicópata, en obediencia indebida y para congraciarse con él, hasta le baila en las fiestas o reuniones, exhibiéndose a su amo, se la echa de gracioso para divertir a su patrón el doctor fraude. El mono Rosario es el patético bufón de este militar pasado a retiro por delincuente, pero que por favores de sus amiguetes – como el hijo de inmigrantes italianos y cinco para las doce – está y se ha mantenido parasitando por desgracia a la institución, destruyendo su nombre y reputación.

Se le ve flagrante al mono Rosario, en sitios estratégicos poco frecuentados según su apreciación – porque como todo delincuente cree hacerse invisible con una oración demoníaca que invoca – , extrayendo de los vehículos de la institución la gasolina subsidiada y hasta gratuita, obtenida de sucesivos  y diarios abastecimientos logrados consuetudinariamente con el engaño de salvoconductos que le dan las rotulaciones de la flota vehicular que identifican al organismo; para luego revenderla gananciosamente en dólares y así le entrega el botín indebido al coronel psicópata. Son tan caraduras  el coronel psicópata y sus monos voladores conductores o remeros y operadores, que hasta la ambulancia la usan para comercializar delictivamente la gasolina, que logran “tanquear o equipar”, con la facilidad y el privilegio que obtienen por oficios que suscribe este coronel delincuente, con el sello de la institución, o porque telefonea o escribe a los responsables de las estaciones de servicio, echándose de correcto y decente angelito, siendo un perverso corrupto.    

¿Cómo prefieres que te llame, Rosario, Rosado o el tipo de la escalera?

Me encantaría que me llame “servil”. Porque me arrastro por los suelos ante el coronel psicópata para obtener beneficios delictivos, me gusta cual serpiente reptar a sus pies, es que con mi conducta halago su narcisismo, porque él se cree el ombligo del mundo y así siente mi enamoramiento y mi lealtad como su émulo criminal. O sí, porque soy un ser muy vil que en efecto me caracteriza la vileza, “ser vil” estaría bien. Aunque como soy el faldero del coronel, jajajajaja, podría llamarme Roso el firulais, pero el que sufre de licantropía es mi jefe. Quiero decirle , que al estar cerca del coronel psicópata, se exacerban mis miserias, se me eleva el ego y me inflo, porque siento que también soy un coronel sin honor y como él me deja impartir órdenes, en cada momento que siento la hipnosis del “poder” de manejar “poder”, me auto engaño y disipo en mi psiquis mi poquedad espiritual de personalidad miserable; entonces escapo de mi realidad la que viví antes de conocerlo y la que viviré cuando el negro, mi amado celestino el coronel ya no esté con nosotros. Al estar a su lado experimento esas masturbaciones mentales de que me obedecen porque soy grande y soy autoridad, pero tristemente saben que soy el mono de mi organillero. Pero todos en la institución me conocen como el suplente del Remero, el mono Rosario. Además el doctor fraude nos dejó a un grupo, entre los que me cuento, preparados por si en un futuro llegara a necesitar de nuestro auxilio y por eso nos hizo funcionarios de otra estirpe. Ya pasé de operador a funcionario con estirpe criminal, para cuando él nos silbe, nosotros saltemos moviendo los rabos obedientes y seguiremos siendo sus cómplices. No crea usted que el coronel da algo a cambio de nada, en algún momento nos va a cobrar esta nueva y fraudulenta clasificación.  

Como ha podido usted notar, me encanta fantasear que soy como el coronel psicópata, que soy un incapaz pero soy  importante, y que soy tan experimentado delincuente como mí jefazo. Pero hay otra situación, mi jefe no comparte todas las ganancias de sus enormes extorsiones conmigo. Él roba mucho, hurta en exceso, es un delincuente experimentado, y  Chuchín y yo le cubrimos las espaldas y le cantamos la zona, lo protegemos de que su corrupción no deje huellas y él por lo menos a mí me da las sobras, pero yo me rebusco en otras actividades delictivas aquí dentro de la institución. Estoy consciente de que  soy el perraje y que no tengo amor propio, pero yo lo jodo a sus espaldas, ¿porque cómo es posible que él solo con Isabel y Chuchín se estén enriqueciendo groseramente y de a montones, descomunalmente?. Entonces yo también instalé mi propia choza de corrupción, y me las ingenio para sacarle provecho a la confianza que me da. Y el coronel cree que en realidad para él soy inocuo y que solo soy letal cuando exclusivamente él quiere que lo sea. Pero el contexto es otro. Toda la institución es mi escenario del crimen. Como aquella que ficticiamente le es leal a Isabel en la oficina de gestión de las extorsiones jajajajja, yo solo le soy leal a mis intereses.

El coronel psicópata se sienta conmigo por horas planeando cómo destruir a las personas que son una piedra en sus zapatos para sus fines delictivos. Nos excita observar cuales voyeristas, a los empleados y a los usuarios por las cámaras que yo le instalo, para que él se auto satisfaga. ¿Usted me entiende? Cuando me ven entrar solo o con la escalera a la oficina del coronel psicópata, tengan la certeza que estamos tramando fechorías excitatorias, porque somos unos enfermos. Pero en fin, para responder su pregunta, llámeme Rosario, que también es un nombre masculino y yo tengo mujer notoria, una señora que no es médico, pero ella manda y está a la cabeza de ese departamento. ¡Que absurdo! ¿Verdad? Jajajajajaj. Lo que podría configurarse penalmente como el ejercicio ilegal de la profesión de médico. Pero ella tiene nombre de Virgen. Ella es nuestra señora de los archivos.

¿Por qué te llaman el enrollador o el principal correveidile del coronel psicópata?

Porque llevo el barrio por dentro, y no puedo evitar exteriorizarlo, en mi hablar, en mis gestos y ademanes, en mis malas costumbres, porque el chisme me es connatural y soy el principal correveidile del coronel psicópata, aunque somos varios aláteres, pero después de un viejo policía que se disimula como amigo de las víctimas, yo soy el primero en llevarle mentiras, infamias, infundios y falsedades de otras personas para congraciarme con él. Ahí competimos entre nosotros para saber quién es más rata, más mierda, más traidor contra quienes creen que somos sus amigos, y  caen en nuestra fingida transparencia espiritual. Jajajaja. Soy el esclavo perfecto que comulgo con las conductas desadaptativas del coronel psicópata y él con las mías. Porque en realidad me caracterizo por ser una persona enredadora, no puedo evitar que se me salga el barrio. No obstante conozco gente que vive en el barrio y es educada, decente y mejores personas que yo. Pero, yo no puedo controlar mis ímpetus chabacanos, mis maneras insidiosas, es un desasosiego de inmundicia lo que me caracteriza, porque lo marginal me gana en mis modales, lo indecente está apoderado de mi personalidad y las bajezas de mis acciones son celebradas por el coronel quien se identifica mucho conmigo. Él dice que somos iguales de chismosos, de poca civilidad y de baja cultura. En otras palabras, el coronel psicópata siente que yo soy la versión insana que él esconde o cree esconder, para poder mezclarse disfrazado entre la gente empática, y como a mí no me importa guardar las apariencias, me desato cual engendro maligno y le doy rienda suelta a mis perversiones, con su permiso y por sus órdenes.

Soy el principal correveidile o chismoso, porque me encanta enredar todo. Enredo circunstancias, situaciones y escenarios conforme a lo que yo creo o pienso, pero sobre todo conforme a lo que el coronel psicópata quiere que yo le diga, según lo que a él le gusta oír, y espera oír, porque para mi jefe hay que pensar mal de las personas a las que él quiere destruir. Mi jefe, el doctor fraude nunca se equivoca, él es infalible, es mi Dios. Pero paradójica y convenientemente que nadie se atreva a pensar mal de él, jajajajaja. Porque se la echa de santo angelito para los crédulos y los huevones. Cuando precisamente pensar mal de él es atinar, hallar, encontrar y descubrir su mundo perverso y criminal. Pensar mal de coronel psicópata  es dar en el clavo, es dar en el blanco y es entender la manera y forma como  comete sus crímenes y el submundo de corrupción que maneja y lidera en la institución, porque es que él está adiestrado y experimentado en eso de hacerse el invisible en la comisión de delitos, pero ya todos lo conocen, lo que pasa es que es un caradura y desvergonzado.

Pero bueno, entonces asumimos que cuando ambos – él y yo- ,  le ponemos el ojo a alguien, es imperativo desbaratarle la reputación y quitarle el trabajo, que hay que joderle la existencia y si el doctor fraude dice que lo marque como en el fútbol para hacerle gambetas, es porque el coronel lo quiere culpar de algo aun siendo inocente, y hay que destruirlo, hay que obedecer y en eso yo soy un chupamedias por decir lo menos. Lo demás lo dejo a mi imaginación para satisfacer al psicópata, sin argumentaciones de peso basta solamente lo que yo digo o invento, con mi palabra le es suficiente a mi organillero, cuando se trata de enfilar la artillería de destrucción a una persona, empezando por aplicarle ignominia. Es que mi coronel es un “as” en eso de violar los derechos humanos, destruir y minimizar, desvalorar, desprestigiar y de emplear el  desprecio en contra de las personas a las que les tiene envidia o cree que ellas lo envidian a él. Mi coronel tiene algún mal funcionamiento en su cerebro. Tiene jodida la azotea. Pero él es así, tal cual como el perro en el que cree transformarse. Él es un asqueroso rufián.

En verdad mi jefe es un asqueroso, desgraciado y es mi organillero. Sin mayores evidencias solamente me gusta perjudicar a los demás que se creen más que yo que soy un operador. Pero ojo, ya me gradué de criminal, ya no soy un autodidacta en eso de cometer crímenes. Claro, pero es un título fraudulento así como el del doctor fraude. Y todo cuanto enrollo, enmaraño, trastoco según mi óptica de poquedad espiritual y lo que intuyo que quiere mi jefe, se lo digo como si fuera cierto al coronel psicópata y él me cree de cabo a rabo, porque es que yo también le conozco muchos secretos oscuros que lo perjudicarán gravemente si los expongo, si llego a delatarlo. Entonces a él no le queda de otra sino de creer en lo que yo le digo. Porque además yo me dedico a llevarle y a traerle chismes, y como es un voyerista no solo visual sino también auditivo, le encanta y le satisface sobremanera que yo le sirva de comadre brollera en la institución.  

Yo no tengo amor propio, pero sí muy baja autoestima. Soy un ser “vil” y por eso, me gusta y me place ser un servil  del coronel psicópata, soy su mono volador y él es mi organillero.

¿Tú sabes lo que es el efecto búmeran?

Son monedas malditas que vamos guardando en nuestro banco de pecados, que en cualquier momento nos darán intereses indeseados. Sí, si lo sé, la vida es un ir y venir constante y todo el mal que hacemos a otros se nos regresará tan seguro como un tiro al piso; a nosotros o a nuestra descendencia que puede ser ya, ahora, en este momento o cuando ya no estemos en este plano y mayor será el sufrimiento al darnos cuenta que inocentes están pagando por nuestras inmundas acciones en contra de otra gente. Algo hay que tener claro, que Dios tarda pero no olvida y que de Él es la justicia. Y eso es bíblico. La maldad de los padres puede afectar a los hijos de muchas maneras. A veces, los hijos pueden ser castigados por los pecados de sus padres. Otras veces, los hijos pueden ser afectados negativamente por el ejemplo de sus padres. La Biblia dice que la maldad de los padres puede afectar a los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Esto significa que la maldad de los padres puede tener un efecto duradero en sus hijos y nietos.

 Seguramente la descendencia del coronel psicópata pagará con creces todo el daño que a otros causa personalmente o a través de personas como yo. O la descendencia de Susana o la de Isabel, si es que en esta vida no lo reciben en carne propia. Solo vivimos y disfrutamos nuestro actual momento satánico, nos regodeamos en nuestra maldad y en nuestros privilegios porque nos sentimos en nuestra salsa, sin pensar en la zarza del infierno, porque está muy lejana para nosotros. Vivimos el aquí y el ahora como si fuera eterno, y no resguardamos nuestras almas. Pero, así como ni él, ni ellas, piensan en eso, yo tampoco pienso sobre el coñazo que la vida nos dará en el momento menos esperado a nosotros o a nuestra descendencia. Nada nos hará cambiar, aunque paguen los justos por los pecadores. Es que a personas como nosotros, nunca nos tocará el sufrimiento ni la congoja que a otros imprimimos. Porque como el coronel psicópata hasta ahora hace y ha hecho daño a muchas personas y seguramente lo seguirá haciendo porque su psicopatía no tiene cura, me imagino que a mí tampoco me llegará el tiempo en el que el creador del universo, me haga pagar la maldad con la que me desempeño y el daño que hago a ingenuos que desconocen que soy la plasta servil de este militar nunca más ascendido. Somos los que mandamos, y aunque yo solo soy un operador, soy el más dañino de todos. Ya soy un viejo y ahora en el papel de criminal profesional, buscaré la forma de que se mantengan impunes mis malditas conductas, el daño que les hago a las personas por mi cuenta y por la orden del doctor fraude.

Es que nosotros somos muy listos, muy pilas y  personas “importantes”. De modo que es poco probable que nos afecte ese efecto búmeran del que usted pregunta. El coronel psicópata es barrio como yo, y como Sussana, somos la peor expresión del barrio. Y aunque en cualquier geografía hay barrios decentes, educados y llenos de gente buena y que saben proyectar su espiritualidad para evitarse la parte indeseada del efecto búmeran; nosotros no, nosotros somos lo peor que un barrio pueda tener, pero estamos exentos del efecto negativos. Como ha podido usted apreciar, soy un sarcástico. Todos los monos voladores del coronel psicópata nos caracterizamos por el uso del sarcasmo. El que sabemos usar muy convenientemente, sobre todo para ironizar a los ingenuos y desprevenidos y a quienes nos critican y nos quieren vencer.  

¿Eres subordinado inmediato de Chuchín?

Si, lo soy, pero reporto directamente a mi organillero, al coronel psicópata. Lo que pasa es que junto con Chuchín, me robo y hurto la comida y las reses, los pollos, las verduras, las computadoras y sus partes y los vehículos y sus partes, los productos de mantenimiento y los uniformes, y estoy en el negocio de la reventa ilícita de la gasolina que equipamos gratuitamente todos los días aprovechándonos de la imagen de la institución, además junto con Lesbia Carlota, Francisco y el asistente virtual entre otros, soy uno de los que cobran las extorsiones a los usuarios en casos especiales. Yo estoy en todo el negocio delictivo del coronel psicópata, integro su red criminal y soy muy eficiente en eso de tramar embrollos y destruir a la gente, cuando necesitamos chivos expiatorios para que los trabajadores, los usuarios y la sociedad nos quiten la mirada y observen para otro lado. De ese modo la mafia institucional se mantiene oculta. Bueno eso creíamos.

Como le digo, soy un mono volador VIP, el mejor operario del recontraespionaje. Jajajajaja. El coronel psicópata me encomienda tareas indignas de todo tipo, de toda clase de perversiones y de toda índole de delitos. Es que soy el camuflaje perfecto, porque nadie se va a imaginar que un operador se maneje con tanta autoridad, como la que yo tengo y la que me endilgo. Pero disfrazado, como parte de la gente común, me infiltro y averiguo e invento para mantenerme como el chismoso número uno de la institución. Soy muy peligroso, tóxico y una lepra igual que Chuchín, porque como nadie sospecha de mí, entonces logro los cometidos que me encomienda mi amo el coronel psicópata.  

¡Cuánta desgracia, podredumbre y corrupción le ha traído el coronel psicópata a la institución!  Pero nosotros colaboramos con él, somos cómplices y coautores en sus delitos. Y cuando digo nosotros, me refiero a los más cercanos, los que formamos parte del anillo de corrupción, como Isabel, Francisco, Chuchín, Lupito, Virtual, Maurén, Lesbia, Sussana, Montanero, el Zurdazo, entre otros que se hacen los huevones y están comprometidos hasta la médula en la corrupción institucional. El que menos puja, caga una llave de cruz. Pobre institución que ha tenido la maldición que el coronel psicópata se haya cruzado en su camino. La verdad hay que decirla, pero mientras nos dé parte en la corrupción o nos deje llenarnos de dólares y a nuestra manera de dinero negro, entonces para satisfacer su narcisismo y su egolatría, seguiremos siendo los más fieles jalabolas del coronel psicópata. Seguiremos siendo sus más conspicuos encubridores, hasta que la policía contra la corrupción nos ponga los ganchos y nos haga presos. Eso está cerca, muy cerca.

«Lo peor que puede sucederle a un espía es creer que lo aman,

que se halla en una relación entre iguales,

que no lo están manipulando».

 —  Ben Macintyre 1963.

Un espía entre amigos: La gran traición de Kim Philby.

crisantogleon@gmail.com

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