«Las microviolencias relacionales»

Doctor Crisanto Gregorio León

“¡Oh, cuidado con los celos, mi señor! Son el monstruo de ojos profesamente verdes que se burla de la vianda de la que se alimenta”.
— William Shakespeare (Otelo)Preámbulo
“Dios mío, concédeme un corazón bondadoso y haz que permanezca en esa bondad, para que nada me distancie del amor al prójimo. Permíteme mantenerme firme en el servicio y la cooperación, sin que jamás me asalten los celos porque otro también decida hacer el bien y extender su mano”.Sinopsis
El presente artículo analiza la mutación del altruismo aparente en hostilidad relacional, un fenómeno donde la persona benefactora experimenta una profunda encolerización cuando la parte receptora de su auxilio obtiene autonomía y reconocimiento externo. A través del marco teórico de la «Guerra de baja intensidad», se examina cómo el celo profesional y la pérdida de un control que se pretendía hegemónico desencadenan una guerrilla psicológica silenciosa basada en desplantes vedados, ademanes gestuales y desconsideraciones escritas, desenmascarando la fragilidad de un ego que confunde el apoyo inicial con un mecanismo de sometimiento.Crónica
El comportamiento humano suele ser un territorio complejo e impredecible, lleno de contradicciones que desafían la lógica más elemental. Uno de los fenómenos más desconcertantes en las relaciones interpersonales y profesionales es la mutación del elogio en hostilidad, una dinámica que encaja perfectamente con lo que originalmente se conoce en el campo de la estrategia político-militar y la doctrina de contrainteligencia de los años 80 como «Guerra de baja intensidad» (Low-Intensity Conflict). Este concepto fue formalizado operativamente a nivel teórico en 1986 por los estrategas del Estado Mayor de los Estados Unidos en el célebre informe analítico del Joint Low-Intensity Conflict Project. Aquellos analistas militares y especialistas en operaciones psicológicas concluyeron a través de sus estudios de defensa que las confrontaciones más destructivas a largo plazo no son las abiertas ni frontales, sino aquellas que se ejecutan mediante desgaste encubierto, presiones psicológicas continuas, propaganda sutil, rumores insidiosos y sabotaje invisible, técnicas destinadas a minar la moral y anular las capacidades del otro de forma silenciosa.Esta forma de hostilidad silenciosa cuenta con múltiples dimensiones en el comportamiento humano y no se contrae únicamente a un solo escenario. Verbigracia, una de sus tantas aristas se manifiesta con alarmante nitidez cuando una persona, tras haber extendido su mano o aplaudido el talento de alguien en una posición vulnerable, reacciona con una repentina encolerización al ver que tal contraparte obtiene nuevas relaciones y reconocimiento autónomo. En lugar de consolidar la alegría por el logro de quien recibió su soporte, se desata una tormenta interna motivada por la pérdida de un control que se pretendía exclusivo. El carácter de quien padece este quiebre experimenta una alteración drástica, volviéndose irritable, mutable y dominado por una susceptibilidad extrema debido a que la asimetría original ha sido rota. Mientras la parte auxiliada permanecía bajo el ala del benefactor, el elogio era seguro porque se emitía desde una cómoda posición de superioridad; sin embargo, en el instante en que la persona talentosa expande sus redes, genera simpatía en esferas de mayor jerarquía o recibe protección externa, la parte que antes protegía sufre la distorsión cognitiva de sentirse desplazada de un afecto que consideraba su patrimonio exclusivo y hegemónico.En este escenario no existen agresiones físicas ni ofensas estridentes; la contienda se ejecuta mediante el sutil pero destructivo arte del desplante vedado. La persona afectada por el celo profesional recurre a un goteo sistemático de gestos de desdén, ademanes cargados de hostilidad, desconsideraciones escritas e insinuaciones que carecen de asidero lógico. Son microviolencias relacionales que buscan devaluar silenciosamente a la persona a la que inicialmente ayudó, transformando un acto aparentemente altruista en un evidente mecanismo de sometimiento disfrazado de generosidad. Al final, quien ejecuta esta campaña permanece en un estado crónico de ebullición interna. Toda la aparente calma exterior esconde a un ser atrapado en su propia inestabilidad, quien se contiene únicamente por la rigidez de las apariencias y la fachada social para no exteriorizar toda la rabia acumulada, resistiendo a duras penas el impulso de destruir el vínculo que inicialmente pretendió proteger.“El hombre envidioso piensa que, si su vecino se rompe una pierna, él podrá caminar mejor”.
— Helmut SchoeckDoctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario y Broadcaster


crisantogleon@gmail.com

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