Doctor Crisanto Gregorio León
«La justicia que se corrompe en manos de quienes buscan el conflicto por encima de la ley, no construye paz, sino que edifica una jaula para la razón.» —Doctor Crisanto Gregorio León
Canon
Lo expuesto aquí es atemporal y sucede en el país imaginario de Torenza, un territorio ubicado en ninguna parte, de geografía inexistente.
Es un ejercicio de ficción jurídica y narrativa literaria, como hipótesis de trabajo inspirada en los icónicos personajes de The Addams Family. Recrea un episodio inédito de la serie, empleando la hipérbole y el análisis doctrinario para exponer situaciones que no son correctas y no deberían presentarse en la praxis judicial. Cuya finalidad exclusiva es servir como material docente y reflexivo, utilizando la esencia de los personajes como una herramienta para dejar al descubierto vicios procesales y desviaciones del poder, por lo que son reflexiones aplicables universalmente.
Crónica._
En los pasillos del tribunal de brujas, una figura emerge con el peso de una autoridad deshonesta: la abuela Addams, quien, ataviada con toga y birrete suspendida en el aire encima de su escoba, oculta sus verdaderas intenciones y actúa como una acusadora llena de traumas personales no superados. Su presencia no busca la verdad procesal, sino la satisfacción de un ego que se alimenta de la intolerancia, la grosería y una manipulación sistemática que utiliza su posición de poder para doblegar voluntades.
Esta acusadora, respaldada por otras tres brujas que actúan como cómplices en su cónclave, despliega una estrategia de persecución contra aquellos hombres que, con rigor y estudio, desnudan las fisuras de sus argumentos fraudulentos. Cuando un litigante expone la falta de fundamento en sus pretensiones, la abuela Addams, incapaz de tolerar que su autoridad sea puesta en duda, recurre a la provocación constante. Su objetivo es claro: forzar al inocente a caer en una agresión reactiva, la cual no constituye un ataque deliberado, sino la respuesta natural y humana de quien intenta defenderse de la coacción y el atropello sistemático.
La dinámica del juicio se convierte entonces en un escenario diseñado para el linchamiento moral, donde el fin último de la acusadora es que el procesado pierda la compostura para, acto seguido, utilizar dicha reacción como el pretexto perfecto para justificar sus propias indecencias procesales. Como bien advertía Miguel de Unamuno: «El hombre que pierde la paciencia ante la injusticia no es quien agrede, sino quien, en legítima defensa, intenta proteger los restos de su propia dignidad frente a quienes han hecho del desprecio su norma.» Al verse contrariada, la abuela Addams arremete contra el inocente, programando escenarios de condena donde la verdad ha sido sustituida por el capricho y la venganza.
En este tribunal, el debido proceso es una sombra borrosa, un simple trámite para validar lo que ya ha sido decidido en la oscuridad de sus reuniones privadas. La maldad, vestida de toga, se siente impune al manipular el aparato judicial, demostrando que su único norte es mantener el control a cualquier precio, incluso a costa de la libertad ajena. Ante tal escenario, es imperativo que los abogados litigantes mantengan la serenidad, conscientes de que, como decía Gabriel García Márquez: «La peor forma de injusticia es la que se disfraza de legalidad para perpetrar la infamia contra aquel que se atreve a ver la realidad sin vendas.»
«El derecho no puede ser un instrumento para el escarnio, ni la fiscalía un escenario para que el capricho se disfrace de norma, pues cuando la justicia pierde su norte, lo único que permanece es el eco de la injusticia.» —
Doctor Crisanto Gregorio León
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario


