Dr. Crisanto Gregorio León
«Hoy, la seguridad se entiende cada vez menos en términos militares, y mucho más como la ausencia de conflicto. Es de hecho un fenómeno que abarca el desarrollo económico, la justicia social, la protección del medio ambiente, la democratización, el desarme y el respeto a los derechos humanos».
– Kofi Annan.
El coronel psicópata es explosivo intermitente, tiene una conducta intermitente, tiene episodios repentinos y repetidos de conductas impulsivas, agresivas y violentas, o arrebatos verbales agresivos en los que reacciona con demasiada exageración para la situación.
Es un individuo depravado moralmente que representa a los «monstruos» en nuestra sociedad. Es un depredador infrenable e imposible de tratar porque su violencia es planeada y decidida, además su personalidad es carente de emociones nobles.
Puntualicemos que los psicópatas como este coronel depredador social, se dan a la tarea de difamar y desprestigiar a sus víctimas y a mal poner todo aquello y a quienes lo dejen en evidencia, para distraer la atención sobre sí y que la gente voltee la mirada hacia otro punto que no sea él.
No hay que confundir a los monos voladores con las víctimas; los monos voladores son los alcahuetes, cómplices, lame suelas, correveidiles, secuaces del Coronel psicópata narcisista, licántropo y voyerista.
La conducta constante del coronel psicópata es la conducta que materializa con sus trastornos de la personalidad. Las conductas aisladas en las que él quiere hacerse pasar por hombre empático, lo que hacen es corroborar y rubricar su psicopatía.
Lo que sí podemos explicar es la licantropía como un trastorno mental en que el enfermo se cree transformado en lobo e imita su comportamiento. Aunque definitivamente el coronel psicópata es un perro, una mierda, un desagradable y experimentado engendro satánico.
Este coronel se comporta como lo que es, un violador que además de cometer agresión sexual sobre una dama, la insulta, la veja, la humilla verbalmente mientras la sodomiza y las fornica.
De Infante el coronel psicópata se roba los juguetes de otros niños, pues no se conforma con los que él tiene o con los que le han obsequiado sus padres, sino que siempre envidia los de los otros párvulos y en épocas decembrinas sus víctimas son sus primitos y vecinitos y, por eso recibe castigo de sus progenitores.
Así podemos decir del coronel psicópata que es un narcisista con delirios de grandeza. Y sus rasgos megalomaníacos o su trastorno megalomaníaco forman parte de su personalidad conformada desde la infancia, la cual desarrolló plenamente en la edad adulta.
En los psicópatas como en este coronel, destruir a otros es un hobby, un pasatiempo. Así se entretiene, causando daños al prójimo, cuando envidia al prójimo o cuando cree que el prójimo lo envidia a él.
Es capaz de fingir empatía. Este coronel narcisista finge todo lo que le ponga en una buena condición con los demás por el tiempo que requiere para engañarlos y consolidar sus planes siniestros.
«De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos». Este asesino engañó al sistema psiquiátrico de los estados unidos, Edmund Kemper quien creció en un hogar disfuncional, fue enviado a vivir con sus abuelos durante su adolescencia a quienes les disparó con una escopeta. Así el coronel psicópata mantiene a todos bajo engaño haciéndose pasar por una persona sana y empática.
El coronel posee la convicción de que todo lo que piensa, dice o hace es grandioso. El propio “megalómano”, que desprecia a los demás y que se considera superior a todos debido a una egolatría sobredimensionada, un orgullo exagerado y una imagen de suficiencia de sí mismo». Así se expresa «Yo soy imprescindible»
Los únicos sentimientos del coronel psicópata son el odio y la envidia, él carece de los demás sentimientos nobles que pueden albergar los espíritus sanos y puros, pero él los imita para infiltrarse, para camuflarse, para mezclarse y confundirse entre la gente normal empática para cometer sus fechorías y sus felonías.
El coronel psicópata es el corrupto y delincuente, es quien tiene las riendas de la institución, por lo que puede y hace corrupción porque tiene las llaves del edificio y entra y sale a gusto, es el conserje camuflado de honrado, es quien criminalmente se hace de ingentes sumas de dólares en extorsiones y la venta de documentos; pero se disfraza de inocuo.
El coronel es un psicópata primario, porque está psicológicamente dañado, y ya desde su infancia la desviación de su temperamento fue muy difícil de dominar. Su trastorno es primario porque es una persona agresiva. Y su agresión es proactiva, porque se encoleriza como la combustión espontánea.
El sádico al igual que el psicópata carece de empatía y de preocupación por otras personas y obtienen placer al lastimar o humillar a otros. Y este coronel es ambas y otras perversiones, es un psicópata con otros trastornos además del trastorno sádico de la personalidad.
No respeta lo sagrado, no respeta la dignidad humana, ni respeta aquello que de suyo es algo con lo que no deberían entrar a emitir juicios innobles, pero osa ensuciar con sus cloacales jetas e infelices pensamientos de control, manipulación y cobardía en ocasión al cargo circunstancial que ostenta.
Este coronel felón que es un depredador social, un licántropo cuya dimensión de corrupción es bestial, alarmante, despliega la frialdad que caracteriza sus actos de ruindad. Tengamos en cuenta que el coronel psicópata, además trafica con la hipocresía, es un hipócrita consumado. Es capaz de fingir empatía.
Mantiene detrás de sí a personas sin autoestima y sin amor propio que son sus monos voladores o monos jalabolas, son sus tenientes, aquellos que le guardan las espaldas y le cantan la zona. No hay que confundir a los monos voladores con las víctimas; los monos voladores son los alcahuetes, cómplices, aláteres, lame suelas, correveidiles, secuaces del Coronel psicópata narcisista, licántropo y voyerista.
La conducta constante del coronel psicópata es la conducta que materializa con sus trastornos de la personalidad. Las conductas aisladas en las que él quiere hacerse pasar por hombre empático, lo que hacen es corroborar y rubricar su psicopatía.
Como todo narcisista, antisocial o disocial, el coronel psicópata es impulsivo, agresivo, hostil, extrovertido, confiado en sí mismo por sus síndromes de Hubris y el efecto Dunning-Kruger.
El coronel psicópata busca para que formen parte de su equipo de desadaptados a gente sin escrúpulos que se preste a sus vagabunderías, es requisito pues para su anillo de corrupción la gente sin honor, o delincuentes que le sirvan a sus despropósitos ilícitos.
Aparenta «ser persona normal»; pero es un camaleón, un reptil, y como tal le caracteriza su sangre fría y su carencia de emociones, remordimientos, con una carencia profunda de empatía.
Posee entre varios síndromes, el síndrome de Hubris que no solo se caracteriza porque el jefe narcisista se cree el sabelotodo, sino también por aplicar desprecio a las opiniones de los demás, su comportamiento está lleno de soberbia, arrogancia y prepotencia.
El coronel psicópata aplica entre otras formas oscuras de dominación, el gaslighting y hace que la víctima dude de sí misma. Por ejemplo, el coronel psicópata hará o dirá algo abusivo y luego negará que alguna vez lo dijera o lo hiciera».
El coronel psicópata, es un rufián que aplica la manipulación porque no tiene capacidad para dar buenos ejemplos, porque es como una morisqueta del pensamiento, a quien se le traba la cognición al querer darlos porque no tiene insumos de valores ni principios al carecer de caja axiológica; es un patán .
«Los militares deben recordar que son servidores de la República y no sus amos. Y en vez de guardar las urnas deben guardar mejor el patrimonio nacional y los derechos humanos».
– Raúl Alfonsín.


