La ley del encaje y la crisis del iura novit curia: cuando el juez desconoce el derecho

Dr. Crisanto Gregorio León

«El juez o la jueza que es ignorante, que no estudia, que no se prepara y que le dominan sus caprichos,  es una burla al derecho; pues su justicia es una justicia dañina y desorientada.» — Doctor Crisanto Gregorio León

El derecho moderno se sustenta en el principio de que la norma debe ser aplicada de forma objetiva, racional y predecible. Sin embargo, dos fenómenos ponen en crisis esta fundación, demostrando cómo la negligencia y la arbitrariedad erosionan la seguridad jurídica: la ley del encaje y la violación generalizada del principio iura novit curia. Estos elementos no son meros errores técnicos; representan una ruptura del pacto social que garantiza que el ciudadano será juzgado por la norma y no por el capricho de un juez que no se prepara, que no estudia y que se la quiere echar de más vivo que los demás.

La ley del encaje es una expresión acuñada en el ámbito jurídico-literario que describe peyorativamente el juicio o dictamen arbitrario que un juez emite basándose exclusivamente en lo que ha «encajado en su mente» o en su personal convencimiento, prescindiendo de la ley escrita y las pruebas. No se trata de una ley formal, sino de una metáfora para la decisión judicial caprichosa. En esencia, constituye una forma de prevaricación o de falta de sujeción al ordenamiento jurídico, donde el juzgador impone su criterio personal por encima del deber de aplicar la norma.

Por otro lado, el aforismo latino iura novit curia, que se traduce como «el juez conoce el derecho», es un pilar fundamental del derecho procesal. Implica que el magistrado es el experto en derecho y tiene el deber de encontrar, interpretar y aplicar las normas correctas a los hechos. No obstante, la realidad contemporánea sugiere que este principio se ha convertido, en muchos despachos, en una «utopía», «en una burbuja vacía de contenido». La exigencia de que el juez conozca todo el derecho se enfrenta a una arrogancia intelectual, donde el juez cree que, por el simple hecho de su investidura, todo el conocimiento se le otorga por obra de magia, como si fuera un legeremante capaz de improvisar sin base. Esta brecha es llenada por el juez con su juicio arbitrario, fruto de su propia ineptitud y de su falta de voluntad para realizar el estudio profundo que el cargo exige.

Esta «epidemia» de jueces que desconocen el derecho es un problema endémico de su propia falta de pericia y probidad. El juez, en su atrevimiento, opta por ignorar la norma para mantener el control sobre los expedientes, acumulándolos como una forma de presión o extorsión. No hay factores externos; hay un juez que abdica de su función esencial porque su desinterés por el Derecho es mayor que su responsabilidad con la justicia.

La conexión entre ambos fenómenos es ineludible: la ley del encaje y la violación del iura novit curia están intrínsecamente ligadas, pues el desconocimiento es el principal catalizador de la arbitrariedad. El vacío técnico crea un hueco en la mente del juzgador, el cual es ocupado por sesgos y criterios personales. Este criterio sin base jurídica objetiva es la ejecución deliberada de la «ley del encaje». Cuando el juez ignora la norma, su poder discrecional deja de ser un espacio de razonabilidad para convertirse en un riesgo de despotismo.

El impacto sistémico es devastador: la inseguridad jurídica. Si los fallos judiciales no son predecibles y dependen del capricho personal del juez de turno, los ciudadanos pierden la capacidad de planificar sus acciones. Esto debilita el Estado de derecho. Para restaurar la credibilidad, es imperativo exigir una judicatura no solo ética, sino profundamente competente, que comprenda que solo el respeto a la norma protege al sistema de su propia autodestrucción.

El camino a seguir implica una formación rigurosa impuesta por el propio juez. Solo un juez que verdaderamente conoce la ley puede evitar la tentación de «encajar» su propia voluntad en la sentencia. La moral de esta realidad es clara: en la técnica procesal reside la garantía contra el despotismo judicial. La justicia que se construye sobre el vacío de conocimiento es una justicia que, inevitablemente, termina traicionando su propia esencia.

Si no es contigo que te resbale:

Con el fin de ilustrar los vicios procesales desde una perspectiva académica y docente, el presente texto constituye un ejercicio de ficción jurídica y narrativa literaria, diseñado como una hipótesis de trabajo para exponer, mediante la hipérbole y el análisis doctrinario, situaciones que no son correctas y no deberían presentarse en la praxis judicial. El nombre y la figura que ilustra el artículo como la jueza María Narcisa Bob, es solo un arquetipo; no se refiere a ninguna juez en específico.

«El único antídoto contra la ‘Ley del Encaje’ es un juez cuya mente no esté vacía de Derecho, sino llena de ley, de jurisprudencia y esencialmente de ética.» — Doctor Crisanto Gregorio León

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

crisantogleon@gmail.com

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