Dr. Crisanto Gregorio León.
La vida es como una selva.
Nunca sabemos con qué animal nos vamos a tropezar.
–Anónimo.
El coronel psicópata, el Séptimo, el depredador social, como todo narcisista es un sucio sádico que se complace en ver derrotadas a las personas honestas y decentes, que por supuesto no comulgan con su red de corrupción, extorsiones y forjamiento de documentos. Y desde su cargo, el que ocupa por su experiencia criminal, desde esa concha el coronel psicópata se las ingenia para desprestigiar y atacar a sus víctimas, despojándolas con oprobio de su trabajo, a la vez de golpear su autoestima y su valía. Sus acciones no son casuales sino causales, pérfidas y planificadas. Como he dicho en otra epístola, Séptimo el coronel psicópata es un intruso, es un mequetrefe, entrometido y metiche. Él es la bruja malvada Theodora que con sus monos voladores se inmiscuye en la vida personal y privada de quienes ha escogido para victimizarlos con la firme convicción de convertirlos en sus presas dentro de su mundo de depredación.
La declaración de Jesús: “Aquellos que vivan por la espada morirán por la espada”. No crea el coronel psicópata que aprovechándose de su momento circunstancial y aun sabiendo que sus víctimas son inocentes; pretender que la vida no le cobrará ni a él ni a su descendencia en la encrucijada que se ha diseñado como traje a la medida; que quedará impune ante Dios, ante los hombres y ante la vida. Y que pasarán como inocuas y sin consecuencias ante el universo, sus acciones viles y todo su despliegue de maldad, de sadismo, de perversión, de traición, de trampas y celadas, de mentiras e infamias y de escenarios para perjudicar a otros. Ya que por decisión propia el coronel psicópata ha lacerado su alma y su destino, por la persistencia en sus planes de desprestigio hacia quienes envidia o cree en sus fantasmagorías mentales que lo envidian como si fuera él un gran varón. ¡Jajajaja, un gran varón! ¡Eso quisieras! Toda esa deuda por el daño intencional causado en contra de los inocentes, se la cobrará la vida a Séptimo el coronel psicópata o a los suyos con intereses en cualquier momento inesperado. Eso es un tiro al piso coronel.
Porque no creen llegar a ser castigados por la justicia ni a corto, ni a mediano, ni a largo plazo sobre sus cabezas pende la espada de Damocles, pues se creen impunes para siempre e inmunes a una reacción ipso facto de defensa de sus víctimas al juzgarlas peyorativamente sin la fuerza o la capacidad real para repelerlos, o carentes de los recursos idóneos de poder, de relación, de estatus o de cognición e intelectualidad o falta de valor por imponerse por el miedo que creen infundir; para reprimir o eludir a sus victimarios, jugando al desgaste de sus presas porque las subestiman o las conciben en una depreciación y minusválida, o se sienten apoyados o que de algún modo tienen y conservarán el respaldo corrupto del que se sirven ahora mismo y del que se jactan para que su maldad no sea castigada; priva maléficamente en las actuaciones de los psicópatas como el caso del coronel Séptimo y de sus monos voladores, el abuso de las posiciones circunstanciales que manejan, ensoberbecidos sobre los demás y obviando el indefectible efecto bumerán, el karma o la justicia divina. O lo que en un refrán popular se recoge asertivamente como “arrieros somos y en el camino andamos”. Y creen burlarse de todos y de todo, hasta de la palabra de Dios, «porque tu maldad hacia otros te será cobrada a ti o a tu descendencia hasta la cuarta generación».
El coronel Sarcos. Dice el funcionario: Recordamos al coronel Sarcos, asiduo visitante en la oficina, con quien mantennos comunicación cordial; un hombre empático, dicharachero, de mirada limpia, sin escollos mentales, que no marca distancia “morbosa” ni antipática con quienes tenemos la agradable experiencia de dialogar excepcionalmente con él. Más bien es de estrechar con sinceridad sus manos y en su interrelación con otros no pretende imponer una situación de poder, ni de dominio. Pues precisamente Sarcos no es un psicópata, sino un hombre empático. Al coronel Sarcos debemos sus advertencias de amigo, cuando nos alertó sobre la personalidad engañosa de Séptimo el coronel psicópata. Nos dijo Sarcos: No se fíen de Séptimo que él es perverso, él es un psicópata, un narcisista, a mí me debe muchas cosas, entre traiciones que me ha hecho y favores que ha recibido de mí y de los que pregona debérselos a sí mismo por ser él grandioso, sin dar crédito a quienes lo ayudamos, es un malagradecido. Su mente no logra entender que si lo ayudamos en su necesidad de salud, fue por un acto de hermandad y humanitario, pero él cree y está convencido que es por “jalarle bolas”, es que él se cree más que los demás. Tiene una pudrición en el cerebro, porque es malévolo y tramposo, siempre anda tramando iniquidades y corrupciones, no es amigo de nadie y solo usa a las personas, cuando logra lo que quiere de ellas entonces oprobiosamente las desecha.
Séptimo fue mi curso dice el coronel Sarcos y lo conozco como a mi cartilla, que me la sé de memoria, pero a diferencia suya, yo sí la respeto y la practico. Y no es que quiero que me agradezca, pero por lo menos que insistiendo yo – vanamente – en ser su amigo y teniendo ambos el mismo rango, él no aquieta sus ímpetus psicopáticos creyéndose mejor que yo y mejor que otros amigos. Séptimo se cree realmente superior a todo el mundo. Él se cree y se la echa de una exquisitez y me quiere usar incluso para que pisotee y denigre a otros, pero yo no le sigo el juego. Como a mí no me puede hacer daño porque lo conozco y no soy su inferior, me atrevo a sacarlo jocosamente de quicio y no puede hacer nada, al menos no delante de mí. Ahora mismo me he jugado con él, y le he tocado “no tímidamente” la puerta de su oficina y ha salido como loco echando pestes por la boca, diciendo imprecaciones, arguyendo que algún subalterno lo ha irrespetado, para disminuirlo como él acostumbra despreciar a las personas; pero su efervescencia cesó al darse cuenta que he sido yo quien le toqué la puerta con mis nudillos. Gritó Sétimo enceguecido al salir de su oficina, “para que alguien se atreva a tocar mi puerta sin temor, debe tratarse por lo menos del General Sméagol. Refiriéndose al general Alphonse Gabriel Capone, el hijo de migrantes italianos que por motivos de compadrazgo en el delito, lo colocó en el puesto que hoy ostenta y que por cuya ruindad ha destruido el nombre y la honorabilidad de la institución.
El general Luján. Dice el funcionario: Conversando con el general Lujan, un buen hombre que conocí en una venta de artículos para oficina, en el lugar menos pensado. Este militar afable y amable, de trato familiar, de esas personas que caen bien porque tienen un aura limpia, con quien entré de una vez en la confianza que da encontrarse con gente empática, dialogamos, nos presentamos e intercambiamos números de teléfono. Le comenté al general Luján sobre Séptimo el coronel psicópata. Y en lo que podemos llamar un primer momento, de inmediato el excelentísimo general Luján, sin asomo de asombro me narró las vicisitudes delictivas de Séptimo el coronel a quien lo conoce desde hace mucho y hasta el modo de andar. Luján sabe de los crímenes y desafueros perversos que ha cometido este coronel psicópata, que por delincuente saboteó su propio ascenso. Pudimos intercambiar impresiones y evaluar las acciones de maldad y del trastorno de la personalidad de Séptimo. En un sereno encuentro al aire libre luego de salir de la papelería, le dije al general Luján el lugar donde está actualmente el coronel psicópata, la dependencia del estado donde Séptimo es el jefe máximo y respondió Luján con la ingenuidad de un hombre puro. Ah, pero allí no puede cometer delitos. A lo que el funcionario le respondió al general Lujan: Sí general, allí el coronel está vendiendo los títulos valores estafa. Y esta vez en lo que podemos llamar un segundo momento el general Lujan mostró su cara de asombro, porque tal vez en algún instante creyó que debía existir un mínimo de decencia o un lado inexperto para el crimen en la personalidad del coronel Séptimo el psicópata. Pero como nunca se termina de conocer a una persona, seguramente el noble general Lujan habrá de enterarse de muchas otras cosas del pérfido coronel psicópata, conocido como el doctor fraude porque se endilgó ilícitamente un título para el cual no estudió.
El difunto Bávaro. Dice el funcionario: Conversando con mi alumno Bávaro, a quien además me correspondió ser su tutor de tesis en una Maestría, luego que se sintiera elogiado por haber salvado a su hijo de un destino distinto al que entre ellos se habían proyectado. Pues bien dice el funcionario: Bávaro me invitó a almorzar y en ese encuentro confesó las razones por la cuales había hecho contacto conmigo, que nada había sido casual sino programado perversamente con toda la mala intención por parte del coronel psicópata para crear o buscar algún modo, alguna forma o un escenario para perjudicarme. Yo asentí dijo Bávaro y le dije al coronel que estaba bien, que haría en contra de usted lo que él me estaba pidiendo. Pero yo no soy una persona que se deja usar ni soy un tonto útil de nadie, ni persigo dañar a nadie por envidia como la que el coronel le tiene y desde luego que no me prestaré para causarle daño después de conocerlo a usted. Además testimonió Bávaro que el coronel psicópata en ese momento se encontraba en las mejores relaciones con Crucita y con una tal la Aguada porque estaban en plena luna de miel en cuestiones de corrupción que luego les implosionaría en las caras solo a las funcionarias pues como es su estilo el coronel siempre “saca el culo” y entrega a sus cómplices monos voladores para salvarse él. Refería Bávaro que estas dos funcionarias estaban complotadas con el psicópata para causarle daño y desprestigio. Todo lo planean y lo hacen para desviar la mirada de sus corrupciones y darle pan y circo al público mientras los verdaderos corruptos siguen haciendo de las suyas. En tal sentido narró Bávaro, el coronel psicópata quiso utilizarme para perjudicarlo a usted, dijo el funcionario. Sea este un tributo al difunto paladín Bávaro, un buen amigo.
El coronel Alpino. Dice el funcionario: En ocasión a un procedimiento que tuve que atender sobre material estratégico me tocó entrevistarme varias veces con un coronel de apellido Alpino y la primera vez éste se comportó obstructivo, irritante, me mantuvo por horas haciéndole antesala al estilo de Séptimo quien castiga e impone a los clientes internos y externos de la empresa, a una espera deshonrosa, cansona, hastiante, para en su poquedad personal, sentirse grande e importante, porque quiere que le rindan pleitesía. Dice el funcionario: pero esa actitud me era conocida, ya la había detectado en el coronel psicópata, por lo cual decidí charlar con este coronel Alpino sobre el maltrato y la descortesía que me estaba infligiendo. De modo que el coronel Alpino al ver mi sinceridad y diafanidad, se mostró receptivo al diálogo edificante entre gente empática. Y confesó estar siendo utilizado por Séptimo el coronel psicópata de quien sabe es un canalla, un tipejo ruin que le place el sufrimiento ajeno pues es sádico y planifica los escenarios para saciar su morbosidad cuando ha seleccionado a una víctima. Y sus víctimas son las personas a quienes él les tiene envidia de alguna forma, o que las considera piedras en sus zapatos en sus procesos de corrupción intra y extra muros de la institución y ha decidido quitarlas de su camino. No se preocupe amigo, dijo el coronel Alpino, ya sé quién es usted y conozco lo lacra que es Séptimo el coronel psicópata. No me seguiré prestando para su juego de sadismo y de maldad, porque eso daña mi imagen y mi esencia.
Una tal Marisabel en la Oficina del Registro Público. Le informaron al funcionario que si trabajaba en la oficina del coronel psicópata, no esperara colaboración de los otros funcionarios del Registro Público porque ya Séptimo lo había mal puesto y lo había saboteado para impedirle legalizar los documentos. Se había encontrado el funcionario en el Registro Público a un compañero de estudios de la universidad quien pudo escuchar la conversación telefónica del coronel psicópata con la funcionaria encargada de esa oficina, – la que estaba junto a quien urdió todo el embrollo, un muchacho que trabajaba allí, un joven recién graduado en leyes y de tez morena que luego emigró a los EEUU pidiendo asilo político mintiendo que era perseguido por el régimen de su país, siendo su padre un sátrapa – , donde Séptimo le decía que ofuscara a su víctima, que tratara de sacarla de sus casillas y que le impidiera a toda costa concretar sus propósitos en esa oficina registral. Marisabel una funcionaria déspota y coludida con el coronel psicópata se encargó de cumplir y ejecutar las órdenes malditas. Y hecho el huevón, Séptimo se gorgojeaba en su maldad, creyendo que en efecto el funcionario no lograría protocolizar sus documentos, lo que hizo en paralelo en otra jurisdicción para burlar al felón desgraciado del coronel nunca más ascendido.
Alejandro Blanco y su mujer la cocinera Tiniebla. Estos dos, ahora envuelto el primero en el delito de acoso sexual, y la segunda abochornada por habérsele imputado a su marido ese crimen en perjuicio de una adolecente subordinada. Ambos me vejaron y ahora están sufriendo la estigmatización que ellos le facilitaban al coronel psicópata en contra de otros y de inocentes que nada les deben. Recuerdo, dice el funcionario, cuando Alejandro Blanco y su mujer me humillaron por un plato de comida para mis dos hijos discapacitados. Alejandro y su mujer por mandato del coronel psicópata y coludidos con el mayordomo Chuchín, mostraron cuan bajos y detestables son, demostraron los miserables y fétidos que están sus corazones y la pudrición de sus almas; cuando me retuvieron el almuerzo y me exigieron explicaciones por haber apartado dos comidas para mis hijos discapacitados, mientras ellos se mandan a preparar exquisiteces y se roban la comida y se la llevan en cantidades industriales para sus familias y para venderlas en el mercado negro. Ahora están probando su propio veneno. Dice el funcionario, Alejandro me avergonzó cuando me dijo, le entregue sus bandejas con la comida a Chuchín y él quiere hablar con usted por orden del coronel. Solo de corazones ruines como el suyo se rodea el coronel psicópata, pero luego como siempre traiciona a sus cómplices monos jalabolas. Pónganse ustedes en mis zapatos les dijo el funcionario, y ellos con altivez y desprecio se regodeaban en su efímero momento de poder.
Incluso en los acontecimientos más pequeños no existe la coincidencia. Como han podido calibrar, cualquier desventura que sufren los funcionarios con talentos no genuflexos a la corrupción ni al psicópata , los institucionalistas, los correctos, los probos, los decentes, los honestos, aquellos que se conducen con ética, moral y respeto a los leyes; los que están formados en valores y en principios y cuyas cajas axiológicas son un tributo a la verdad y a lo correcto; estos funcionarios son saboteados constantemente por parte de Séptimo el coronel psicópata, tirando la piedra y escondiendo la mano, artera y cobardemente.
Nadie puede pretender seguir haciendo daño todo el tiempo sin que el universo le pase factura. La espada de Damocles pende sobre los malvados.
«Con cada crimen y con cada acto de bondad
damos nacimiento a nuestro futuro».
– David Mitchell.


